San Expedito, Difunta Correa, Cura Brochero, Virgen del Rosario de San Nicolás
En Argentina, el turismo religioso se entrelaza con la rica historia y la profunda fe que caracterizan al país. Desde la veneración a santos populares hasta la devoción por figuras históricas, cada rincón ofrece una experiencia espiritual única y conmovedora.
La Difunta Correa, venerada en San Juan, representa la fuerza del amor maternal y la protección divina. Miles de peregrinos acuden cada año al santuario para rendirle tributo y buscar consuelo en sus milagrosas intercesiones.

Difunta Correa
San Expedito, el santo de las causas urgentes, es venerado en todo el país, especialmente en la Basílica de San Expedito en Buenos Aires. Sus devotos buscan su ayuda en momentos de apremio, depositando su fe en su pronta y efectiva respuesta.

San Expedito
El Cura Brochero, conocido como el «cura gaucho», es un símbolo de sacrificio y entrega en la provincia de Córdoba. Su legado perdura en la localidad de Villa Cura Brochero, donde su ejemplo de servicio a los más necesitados sigue inspirando a fieles y visitantes por igual.

Cura Brochero
La Virgen del Rosario de San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires, es objeto de una ferviente devoción mariana. Su imagen, que según la tradición se apareció en 1983, atrae a multitudes de creyentes en busca de consuelo, protección y milagros.

Virgen del Rosario de San Nicolás
Estos son solo algunos ejemplos de la riqueza espiritual que ofrece el turismo religioso en Argentina. Ya sea en santuarios históricos o en lugares de veneración popular, cada experiencia invita a los visitantes a conectar con lo trascendental y encontrar paz y fortaleza en su fe.
San Fernando del Valle de Catamarca es la tierra de la Virgen del Valle, patrona nacional del turismo y figura central de la fe católica de la provincia. La devoción de parte de los fieles por la Virgen del Valle es emocionante y un acontecimiento que sensibiliza a cualquiera. La Virgen del Valle fue hallada en la localidad de choya entre 1618-1620 por un sirviente aborigen de Manuel Salazar, quien fue Administrador Del Valle de Catamarca.
La cadena de oro o del milagro, es una de las joyas más antiguas que se conocen en el tesoro de la Virgen del Valle. Posiblemente fue donada en el año 1680. La historia del milagro se remonta a 1620, en Perú. Un caballero muy rico, cursaba una enfermedad que los médicos de la época no podían curar, y partió a la provincia en busca de un milagro.
Fue transportado por sus servidores y pidió ser llevado al Santuario de la imagen del virgen. Rogó por su salud, ya que los dolores eran insoportables, y en forma de agradecimiento dejó una cadena de oro con su pelícano de oro macizo de 18 quilates, teniendo en el pecho, lomo y alas, incrustadas nueve esmeraldas.
El hombre una vez curado, volvió sano y al pasar por Santiago del Estero se encontró con un conocido, quien quedó sorprendido por verlo libre de sus dolencias. El caballero cuenta lo sucedido y agrega que tuvo que dejarle en forma de pago una hermosa cadena de oro a la Virgen del Valle.
Al día siguiente, el hombre peruano, se despierta con dolores más intensos que antes. Sus criados, lo auxiliaron, y encontraron debajo de su almohada la cadena que había dejado días atrás. Fue una prueba que la Virgen le puso al hombre para probar su fe, y al mismo tiempo, dejando una enseñanza; que ella no vende sus mercedes.
El hombre peruano, lleno de arrepentimiento por lo que había dicho, regresó de inmediato al Valle de Catamarca, donde nuevamente puso nuevamente la joya a los pies de la Santísima; Ella por segunda vez, lo curó y la cadena quedó para siempre con la virgen morena. Actualmente, la cadena del milagro, se encuentra exhibida en el Museo de la Virgen del Valle.
Conocido como el “Jarro de la Virgen” existe en el Santuario de Catamarca un jarro de plata, sin asas y con algunas molduras en sus bordes.
Cuenta la historia del milagro que en los límites de Córdoba y La Rioja, vivía un campesino que enfermó de gravedad. Sentía que cada vez empeoraba y pidió a la Virgen del Valle que lo ayude con la promesa que la visitara en su Santuario.
Una vez terminada su oración, la fiebre que tenía desapareció y sintió un alivio inmediato, se sentía sano. Una vez recuperado, se dispuso a emprender viaje a Catamarca para cumplir su promesa.
Por otro lado, en la Iglesia Matriz de Catamarca, desapareció el Jarro de Plata de la Virgen del Valle. Investigaron, buscaron el jarro, pero nunca encontraron al culpable del robo. Días posteriores a la desaparición del objeto, se presentó el campesino frente al cura del lugar.
Luego de contarle el motivo de su visita, para cumplir con la promesa a la Virgen del Valle; contó que una vez que salió de su hogar, en las salinas no tenían agua para beber, tanto él ni su mula. Y pidiendo una vez más a la Virgen que no lo abandonara, encontró un jarro de plata del que bebieron él y el animal, sin que se agotase el contenido.
El jarro lo guardó en sus alforjas; se lo presentó al Cura y éste, reconoció la prenda que se perdió de la sacristía.
“El Jarro de la Virgen del Valle” es uno de los objetos más preciados y admirados de los milagros de la Santísima.
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